La etiqueta de mi hijo: consejos para maestr@s

Quizá este sea uno de los post que más he esperado a escribir y del cual tenía más que contar. Hace un par de años me enfrenté a una realidad de la que ya sabía algo por mi papel de maestra, pero nadie me dijo que como madre sería diferente. Espero que este post sirva como reflexión para maestr@s, psicopedagog@s, maestr@s especialistas en educación especial…. y también para padres, como no.

Hace poco más de dos años, una notita en la mochila de mi hijo iba a desencadenar un camino muy duro, y me iba a poner a prueba como madre y a la vez como maestra. Tenemos que hablar. Simplemente eso, pero esas tres palabras para un maestr@ no son nada cuando las escribe, solo son un no me quiero olvidar de decirte algo. Pero para un padre o madre, esas tres palabras son tres pesos pesados que activan un montón de interrogantes

Fui a hablar enseguida con la maestra de mi hijo, quería obtener información enseguida, las mamás somos así. Ese día pedí permiso en el cole para salir un pelín antes, quería recogerlo yo de la guarde y con la excusa intentar averiguar. Como venían las vacaciones de Navidad, la maestra me dijo, ya hablaremos en volver. Una mamá no puede esperar para saber de su hij@, yo lo he hecho como maestra muchas veces, pero en ese instante me di cuenta que los papás y mamás necesitamos saber de inmediato. Ahí apunté el primer consejo para la maestra que llevo dentro: la información sobre nuestr@s alumno@s hacia los padres y madres nunca puede esperar. Como las madres somos inconvencibles y además tenemos un sexto sentido le dije… ¿no habla mucho verdad?, a lo que ella respondió, bueno también nos preocupa que no se gire al escuchar su nombre.  Ante esto much@s ya sabréis cuáles eran las sospechas, yo lo interpreté enseguida. Me derrumbé, no por las sospechas, si no por no saber….

una pizca de educación

A partir de ese momento empezaron un montón de entrevistas para poner la etiqueta: reuniones con la seño, con la psicopedagoga… y un montón de test para cuestionarnos como padres. ¿Todavía lleva chupe? ¿Todavía duerme con vosotros? ¿Le trituras la comida aún?…. y yo cada vez más pequeña. A todo esto, mi hijo había cumplido recientemente los 2 años. Después de esas repetidas reuniones apunté en mi cabeza el segundo consejo para la maestra que llevo dentro: nunca cuestiones a los padres por lo que hacen con sus hij@s, seguramente sea lo que necesitan, a pesar de los manuales de instrucciones.

La etiqueta llegó. Acudí a esa reunión sabiendo que mi hijo necesitaría ayuda con el lenguaje, yo también lo había notado. Pero la etiqueta no coincidió con las palabras que yo tenía en mente:  Sospecha de Autismo. ¿Qué? ¿Cómo? ….¿Por qué? Me derrumbé no os lo voy a negar, las hormonas del embarazo también hicieron su papel, lo sé, pero me derrumbé. Ahora muchos pensaréis que lo hice por no aceptar la realidad… no fue por eso, sino por el dilema que ahora se debatía dentro de mí y por la lucha entre la madre y la maestra: ¿Habría estado ciega? ¿No conocía a mi hijo? Confío en los grandes especialistas que trataron a mi hijo, pero…. Pedí información, pero ninguna me convenció, la verdad.  Me enseñaron una prueba y muchas impresiones de las dos horas de observación que hicieron en la escuela infantil y este fue el final: pensamos que en un futuro tendrá problemas con el control de esfínteres, deglución, necesitará mucha ayuda, pensamos que necesitará educador ¿En el futuro? Pero ¿y mi presente?, ¿y el de mi hijo? Perdonadme si en estos momentos alguien se está sintiendo aludido y un poco indignado. Yo también me indigné porque como madre necesitaba más información, y ahí apunté un tercer consejo para la maestra que llevo dentro: anticiparse con el qué pasará por sospechas, nunca. Un sospecha no puede etiquetar a un niñ@, solo deben hacerlo realidades absolutas, y sobretodo, realidades que no tenga opción de cambiar en el tiempo.

Toda esta situación me hizo enfrentarme a una lucha moral conmigo misma. Iba a luchar la madre y la maestra. ¿A quién quería fallar? a mi hijo no luchando por lo que yo creía que era mejor, o al sistema por ir e contra de sus informes, recomendaciones, etiquetas…. Pasó mucho tiempo, incluso lo di todo por perdido: llevaría a mi hijo a otra escuela, fuera de mi pueblo, con otros niños y niñas, así me lo recomendaban…. pero un ángel me salvó. Alguien llegó para frenar la lucha que se dabatía entre la maestra y la madre. Una inspectora. Sé que muchas veces vamos de cabeza por las exigencias de inspección, pero yo tuve la suerte de encontrarme con la persona antes que con la inspectora. Me sentó junto a ella, para apoyarme, y para saber lo que necesitaba oír: tú eres la que conoces a tu hijo, y sé que quieres lo mejor para él. Lo dejarás en su escuela, en la de su pueblo, con sus amiguitos…. solo debes renunciar al papel de educador por un tiempo, y según su evolución, ya veremos… pero lo importante ahora es que estés convencida y que tu hijo esté bien.

¡Gracias por confiar! En ese instante me di cuenta que solo necesitaba eso: CONFIANZA, confianza en mí como madre, como maestra, en el sistema, en lo que pasará……

una pizca de educación

Apunté el cuarto consejo para la maestra que llevo dentro: CONFÍA en los niñ@s, CONFÍA en los padres, CONFÍA en los maest@s, pero sobretodo CONFÍA EN TÍ MISMA. Me di cuenta que las etiquetas solo nos sirven para clasificar y ganar confianza con lo que debemos hacer como docentes y padres… pero sabéis mi conclusión después de lo vivido:

«Una etiqueta a tiempo puede ser una salvación, pero una etiqueta antes de tiempo una perdición»

Muchas veces una diagnóstico precoz ha dado luz a un camino muy oscuro, pero muchas otras veces las etiquetas por sospechas han marcado y mancado las posibilidades de los niñ@s. Y no lo digo por decir, si no hubiese tenido esa confianza en mí misma como madre, es más, si esa inspectora no hubiese confiado en mi criterio como madre, mi hijo no solo hubiese estado etiquetado, también hubiese estado mancado de muchas cosas: su cole, sus compañeros, su pueblo…

Lo pasé muy mal, y mi hijo peor. Fuimos a no sé cuantas pruebas en las que había que despertarlo a las 3 de la madrugada, y sin que se durmiese llevarlo a la prueba, llena de cables, luces, cascos…. ¡En fin! Todo pasó, y ahí, mientras pasábamos por todo ese calvario apunté el quinto consejo para la maestra que llevo dentro: no etiquetes «por si acaso», si tienes sospechas «espera y descubre». De mi propia experiencia sé todo lo que arrastra y conlleva una etiqueta, no es solo un informe, unas siglas…. es  mucho más.

Cuando miro hacia atrás y pienso todo lo pasado, me alegro de ver dónde estoy, de lo que he crecido, lo que he conseguido y de lo que me he convencido, pero todo pasa factura, evidentemente, mi embarazo fue de riesgo, nuestras sospechas nos hicieron observarlo demasiado, evaluarle todo el tiempo…. ¡pero pasó! Ahora tengo más confianza.

No me hubiese importado que mi hijo fuese autista, pero es que no lo veía claro, ¿porque etiquetar con solo sospechas? Sentí un miedo atroz de decidir su futuro solo por sospechas. Yo sabía que necesitaba tiempo y CONFIANZA, en mí como madre y en él como un luchador nato.

una pizca de educación

A día de hoy no hay más problemas que los que pueda presentar otro niño/a… Tiene un buen nivel académico, ha mejorado un montón sus relaciones entre iguales…. pero más allá de las escalas de observación: sigue habiendo un niño, que siente y padece y detrás una madre que lo ama con locura con TEA o si él…. y con una cosa muy clara: CONFIARÉ siempre en él y en mí como madre.

PD: En atención temprana le dieron el alta, solo recibe clases por parte del logopeda. Varias pruebas durante estos años no han llegado a los niveles de autismo. Ahora sospechan rasgos de altas capacidades….¡STOP! No quiero más etiquetas, solo que siga su camino, que lo quieran, lo respeten como es, que lo dejer ser y CONFÍEN en todas sus posibilidades. Solo hace falta que le den alas para volar alto…

Gracias a todos los profesionales que CONFIÁIS en vuestr@s alumn@s, y seguís educando corazones, a pesar de las etiquetas, a pesar de los números… de verdad ¡GRACIAS!

 

(Visited 14.080 times, 1 visits today)

17 Comments

  1. Mari 10mayo, 2020 a 11:28

    Las madres siempre luchamos para que nadie les corten las alas a nuestros hijos. Eres una maestra, madre, compañera y amiga extraordinaria.

    Respuesta
      1. Marta 22mayo, 2020 a 16:08

        Hola! A mí me pasó algo parecido con mi hijo de 17 meses y yo a punto de dar a luz a mi hija. Me sorprendió muchísimo que en la escuela infantil quisieran hacerle un informe tan pequeño sólo por sospechas, lo pasé fatal pues yo sólo veía inmadurez, mi madre y tías son orientadoras hasta llegamos a pensar que el amor que sentíamos por él no nos dejaba ver lo que veía la cuidadora infantil. A día de hoy tiene 4 años, dio un gran cambio y evolucionó mucho al nacer su hermana. El último año en la escuela infantil me pidieron perdón porque efectivamente era inmadurez y se habían precipitado; aún me cuesta mirarla y no recordar lo mal que lo pasé, el querer poner a un bebé de 18 meses una etiqueta cuando en el cole no nos atrevemos hasta que no entran en primaria. En fin, estoy de acuerdo Contigo en confiar en nuestro instinto materno y de maestras. Un súper abrazo

        Respuesta
    1. Reyes Casares 10mayo, 2020 a 16:04

      Como maestra, tu relato me ha enseñado y corroborado algo en lo que ya creía: a nuestros niños y niñas no hay que etiquetarlos, sino acompañarlos en su crecimiento como personas ; y a sus familias, apoyarlas haciéndolas sentir que lo están haciendo todo lo bien que saben y pueden.
      Y cómo madre… confiar un poquito más en mí misma, porque son muchas las veces en las que creemos que no lo estamos haciendo bien.
      Gracias por compartir tu experiencia.

      Respuesta
    2. EGEO 12mayo, 2020 a 22:04

      Soy madre y profesora y pasé por lo mismo.
      Me siento identificadiiiiiiisima con tu experiencia.
      Cuando viví este periodo de incertidumbre, no veía claro las «impresiones diagnósticas», investigué cualquier trastorno o cualquier dificultad que empezase por T…
      Lo único que nos salvó de caer en esa espiral tan amarga, era la pregunta interior que yo me hacía: si yo no confío en él, quién lo hará!
      Confíe y todo fue genial, hemos terminado el logopeda. Nivel académico excelentísimo, lecto con muy bien nivel, muy bueno en cálculo…
      Y si no hubiéramos confiado? Sería el mismo pero con una etiqueta equivocada y abocado a ser esa etiqueta

      Gracias por compartir tu experiencia

      Respuesta
  2. Margarita 11mayo, 2020 a 18:50

    Gracias por el artículo. Expresas mi sentir. Un caso similar fue el nuestro con nuestro hijo. La lucha sigue pero leerte nos da fuerza seguir y para evitar que se etiquete a nuestro hijo por sospechas que hasta hoy no se han comprobado. Gracias.

    Respuesta
  3. EGEO 12mayo, 2020 a 22:02

    Soy madre y profesora y pasé por lo mismo.
    Me siento identificadiiiiiiisima con tu experiencia.
    Cuando viví este periodo de incertidumbre, no veía claro las «impresiones diagnósticas», investigué cualquier trastorno o cualquier dificultad que empezase por T…
    Lo único que nos salvó de caer en esa espiral tan amarga, era la pregunta interior que yo me hacía: si yo no confío en él, quién lo hará!
    Confíe y todo fue genial, hemos terminado el logopeda. Nivel académico excelentísimo, lecto con muy bien nivel, muy bueno en cálculo…
    Y si no hubiéramos confiado? Sería el mismo pero con una etiqueta equivocada y abocado a ser esa etiqueta
    Gracias por compartir tu experiencia

    Respuesta
    1. Una Pizca de Educación 13mayo, 2020 a 11:27

      ¡Gracias a ti por comentar! Como maestr@s tenemos una gran responsabilidad, estamos cuidando los tesoros más preciados de las familias! Y como padres debemos confiar, pero confiar también en nuestros hij@s

      Respuesta
  4. Diversidad 13mayo, 2020 a 02:14

    He recorrido el mismo camino, como maestra y como madre y también he llegado a la misma conclusión, ni una etiqueta por sospechas! Eso es simplemente DIVERSIDAD.

    Respuesta
  5. Noelia 13mayo, 2020 a 09:52

    Maravillosa reflexión, muy identificada contigo como mamá y como maestra. Una etiqueta no sirve de nada, conocer a cada uno de los niños del aula con sus peculiaridades,con sus intereses, con su forma de ser… para ser nosotros los que nos adaptemos a las diferentes formas de ser, de aprender, de relacionarse… Ánimo en tu lucha, nadie como una mamá conoce mejor a su hijo. Un abrazo enorme !

    Respuesta
    1. Una Pizca de Educación 13mayo, 2020 a 11:30

      Gracias portu s palabras. Yo desde que empezó todo esto siempre pensaba… «Si mi hijo no entiende algo, yo aprenderé lo que haga falta para contárselo,

      Respuesta
  6. Montserrat 14mayo, 2020 a 14:02

    Muy buena reflexion, muchas gracias por compartir. Solo un apunte: no es la guarde. Son escuelas. Como educadora infantil me duele que desde el mismo ambito, el educativo, nos sigan llamando guarderias.

    Respuesta
    1. Una Pizca de Educación 14mayo, 2020 a 17:46

      Hola, lo siento. Por lo menos por mi parte, no lo he dicho despectivamente. Siento haber utilizado esta palabra en vez de escuela infantil. Un saludo

      Respuesta

Deja un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

El material descargable adjunto se encuentra bajo las siguientes licencias Creative Commons: Estas licencias sólo permiten que otros puedan descargar las obras y compartirlas con otras personas, siempre que se reconozca su autoría y se cite el sitio web, pero no se pueden cambiar de ninguna manera ni se pueden utilizar comercialmente. Cualquier uso no autorizado previamente por parte de las titulares de derechos será considerado un incumplimiento grave de los derechos de propiedad intelectual o industrial.