¿Los niños necesitan ser los mejores o ser felices?

¿Los niños necesitan ser los mejores o ser felices? Esta pregunta me surgió hace un tiempo después de salir de una tutoría. He necesitado un tiempo para reflexionar y sacar conclusiones, y ahora poder contaros humildemente a dónde he llegado.

Veréis, cualquier profesor suele hacer tutorías con los padres para informarles de las notas, de algún altercado en el colegio, de su actitud… pero, ¿cuántas tutorías hacemos para elogiar a sus hijos? Todos solemos pensar que si el maestro no nos llama, es porque todo va bien, y yo misma les he dicho a los padres esto. Pero ahora que soy madre, y recientemente mi hijo ha empezado la guardería, me doy cuenta lo valiosa que es cualquier información que damos los maestros. Por eso digo que debemos hacer más tutorías para elogiar a nuestros alumnos, más tutorías en positivo.

Mi madre me contaba que cuando yo era pequeña tenía envidia sana de los profes, porque decía que ellos pasaban todo el tiempo que ella no tenía conmigo. Ahora la entiendo más que nunca. Paso cinco horas al día con niños, ayudándolos a ser personas, mientras otra maestra, le ayuda al mío. ¡Y es que ser maestro es un privilegio!

Los maestros tenemos la gran virtud de iniciar un viaje de despegue, de ser los copilotos de los grandes genios que son los niños. Y TODOS tienen algo que los hace ser genios y sobretodo geniales.

Cuando os he dicho de la necesidad de hacer tutorías para elogiar a nuestros alumnos, es porque antes de las vacaciones de Pascua tuve una de las tutorías más difíciles con las que me he encontrado. Tuve que convencer a unos padres que su hijo era brillante. Llevaban un tiempo pidiéndome una tutoría, porque ya no sabían qué hacer con él, hablaban de su mal comportamiento, de su pocas ganas de estudiar, de sus malas notas… ¿cómo? en clase es todo lo contrario, les dije yo: tiene ansías por aprender, no se porta mal sino que es nervioso, tiene notas buenas como 8 o 9….

Os digo la verdad, el niño en cuestión tiene un personalidad muy fuerte, es muy inquieto e impulsivo, pero por encima de todo está ÉL y su genialidad. Se trata de un niño con una capacidad de trabajo extraordinaria, con un afán por ayudar insuperable, con una energía brutal, a parte de sacar muy buenas notas…. podría deciros un montón de cosas más, todas positivas, sobre él, y muy pocas negativas… pero sus familiares sólo hablaban de las cosas que hacía mal.

Me resultó muy triste encontrarme con unos padres que no habían apreciado ninguna de las cualidades que yo les mencionaba. Les reconocí que  a veces le cuesta autorregularse, pero les hablé de todas las cosas positivas que yo resaltaba de él. Daba igual. No les bastaba. Querían que su hijo tuviese mejores notas, porque sabían que si ahora estaba sacando de nota un 9 era gracias a ellos. ¿Seguro? Les pregunté yo. ¿La falta de información positiva a las familias, hace que piensen que sus hijos hacen las cosas mal?

Les mostré todas las fichas y trabajos que hacía él solo, sin ninguna ayuda, en clase. Eran trabajos perfectos. Pues nada, no les convencían. Debía ser mas bueno me decían, ¿pero a costa de qué? de no jugar, de copiar muchas veces los hojas de repaso…. Les dije qué era lo que más les importaba, ¿las notas o la felicidad de su hijo? se quedaron callados.

Les pedí por favor, que dejaran de “preocuparse” tanto de él. Según ellos siempre tenían que obligarlo a estudiar, a hacer los deberes, nunca era capaz de recordar lo dado en clase… Decían que lo habían intentado TODO, y no cambiaban las cosas. Así que les propuse un trato: que probaran a no hacer “NADA”, a dejarle autonomía. Que él mismo hiciese los deberes, estudiase el tiempo que el considerase, se preparase la mochila… en resumen, que CONFIARAN en él, en su responsabilidad y su capacidad.

Les dije que los niños necesitan CONFIANZA, creer que son capaces para hacer las cosas. Si a un niño le enseñamos y continuamente le repetimos que todo lo hace mal, terminará haciéndolo todo mal. Y si siempre les hacemos sus cosas, sin darle la oportunidad de equivocarse, pensarán que nunca lo podrán hacer bien solos.

El niño del que os hablo, tiene terror a fallar, tiene MIEDO al fracaso, pero a lo que más miedo tiene es a que sus padres se enteren de su fracaso. Nunca se puede educar desde el MIEDO. Cuando tenemos miedo nos bloquea y nos impide avanzar.

Os doy un humilde consejo como maestra, y ahora también como madre:

CONFIANZA es la palabra mágica que debéis usar. Si confiáis en ellos, podrán. Si confiáis en el maestro, os ayudará, y si confiáis en la escuela aprenderán.

Muchos niños son felices sin sacar un 10, porque sus papás están orgullosos de ellos; y muchos son infelices con un 9 porque piensan que no es suficiente.

Y os dejo una pregunta como reflexión…

¿preferís que vuestro hijo sea el mejor en clase o el más feliz?

 

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2 Comments

  1. Mari 12mayo, 2017 a 21:20

    Todo padre quiere que su hijo sea el mejor, a nadie nos gusta que sea el último de la clase, aunque a veces, no lo reconozcamos en público; pero no debemos olvidar la felicidad de nuestros hijos sobre todas las cosas, y eso comienza por escuchar. Una cosa tan fácil que por el mundo estresante en el que vivimos, no tenemos ” tiempo”. Palabra también clave, en la felicidad de nuestros hijos.

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  2. Mari 12mayo, 2017 a 21:23

    Todo padre quiere que su hijo sea el mejor, a nadie nos gusta que sea el último de la clase, aunque a veces, no lo reconozcamos en público; pero no debemos olvidar, la felicidad de nuestros hijos sobre todas las cosas, y eso comienza por escuchar. Una cosa tan fácil que por el mundo estresante en el que vivimos, no tenemos ” tiempo”. Palabra también clave, en la felicidad de nuestros hijos.
    Cada niño tendrá que crear su camino en el mundo, y no ser brillante en la escuela, no significa no ser el mejor en algo.
    Mi único objetivo en la vida, es que mi hija sea feliz y sea buena persona.

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