Bienvenidos a la época del sharenting

El otro día leía un artículo del periódico El Mundo que expresaba lo que desde hace un tiempo abunda por las redes sociales. Yo no sabía que existía un término: sharenting, pero el significado sí. Igual que yo, una mamá famosa, en concreto Tania Llasera, también se hizo eco de este artículo y reflexionó sobre ello.

El sharenting es la combinación de share (compartir) y parenting (crianza). Este término habla de la sobreexposición a la que se ven sometidos los hijos en las redes sociales de sus padres.  Os voy a contar datos espeluznantes según la Universidad de Michigan en cuanto al sharenting.

  • el 56 % de los padres comparte información vergonzosa de sus hijos
  • el 51 % aporta datos que pueden llevar a localizar al niño
  • el 27 % cuelga fotos directamente inapropiadas.

Y otros titulares alarmantes son:

  • Un youtuber pierde la custodia de sus hijos por sus bromas crueles.
  • Padres capaces de humillar a sus hijos por un like o un vídeo viral.

Increíbles ¿no?, es que la realidad supera siempre la ficción.

compartir la crianza

Ahora esta de moda compartirlo TODO, absolutamente todo. Las bloggers y instagramers más de moda hablan de su vida como madres, a partir de imágenes de sus hijos. Se ganan la vida compartiendo y exprimiendo la vida sus hijos. Publicitan ropa, sortean artículos, anuncian eventos… en boca sus hijos. Se ha convertido en un negocio lo que antes se llamaba nuestra privacidad.

No las critico, pues yo misma he sido asidua a este tipo de bloggers, pero sí que a raíz de este tipo de artículos y otros documentos sobre el sharenting me doy cuenta que las redes sociales son el mundo más peligroso al que se enfrentan las nuevas generaciones. El uso de las redes sociales nos hace más vulnerables, nos expone a peligros… pero muchas veces se esconden detrás del confort que nos produce sentirnos apoyados, queridos, sentir que estamos haciendo algo bien.

Eso es lo que pienso que les pasa al perfil de bloggers y demás, que a raíz de contar lo que hacen se sienten apoyadas y queridas por sus seguidores y sobre todo,  que lo están haciendo bien. Y mientas ellas se sienten orgullosas, las seguidoras se hacen cada vez más «pequeñas» por no poder ser tan buenas madres, tan estilosas, etc.  Se aprovechan de las inseguridades, sin saberlo ni quererlo, y se benefician de lo que hoy piensan que son ventajas.

¿Pero y sus hijos? ¿qué sentirán al ver su día a día publicado cuando tengan 18 años? ¿les perjudicará para su trabajo el día de mañana? ¿sus fotos se utilizaran negativamente?

sharenting

Ser buena madre, vende. Ser mala madre, vende. ¿Y ser una madre normal? No vende. Yo cuando veía esas fotos perfectas, con niños posando, leyendo un cuento en sus regazos, comiendo solitos…. siempre me preguntaba ¿cómo lo hacen? ¿qué estoy haciendo mal? Mi hijo: no posa para las fotos, no se sienta cuando quiero contarle un cuento, no quiere los colores para pintar… ¿soy mala madre?

Un poco antes de leer este artículo del que os hablaba y a raíz de empezar a contar cosas en este blog, me planteé cómo podría ayudar a más mamás. Y no quise aparentar, y mucho menos disfrazar, lo que mi hijo no es. Yo no puedo poner todas esas fotos preciosas de mi hijo haciendo cosas divinas, NI QUIERO. Mi intención es trasmitir normalidad, el punto medio de la crianza. Las inseguridades, las cosas que salen mal, los puntos fuertes… y sobre todo LA REALIDAD.

Y no es que piense que mi hijo no es especial para mostrarlo: sin duda es especial, igual que cualquier otro niño. Lo que pasa es que yo no tengo esa visión fotográfica para captar todos esos momentos maravillosos a través del objetivo. Cuando hace algo único me quedo boba, lo disfruto mirándolo… pero nunca me acuerdo de la cámara.

Un consejito: guardad todos esos momentos en vuestra caja de recuerdos, no hace falta sacar una foto de cada logro, cada mirada, o cada sonrisa… vivir juntos lo que suceda es la foto más preciosa y la experiencia que mejor podéis guardar.

 

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