Un año de vida con manual de instrucciones.

Seguramente habréis consultado, os habrán regalado o simplemente habréis escuchado el título de algún manual de instrucciones en esto de la maternidad. Los hay para ayudar a conciliar el sueño, para favorecer la lactancia, para estimular su desarrollo cognitivo e incluso manuales de instrucciones para bebés, tal cual. ¿Pero de verdad ayudan?

El primer año de vida es una carrera de obstáculos, y cuál de ellos más difícil. El primero que surge es la lactancia: yo leí sobre este tema, me aconsejaron, me recomendaron… opinaron, y fracasé en el intento. Creí que estaba en inferioridad de condiciones por mi inexperiencia y eso fue lo que me hizo tirar la toalla, realmente no fue culpa de nadie, sino mía de no CONFIAR en mí misma.

A los 3 meses, otro obstáculo a superar: ya debe levantar la cabeza cuando lo pones boca abajo, dijo la pediatra. Manuel no pasó el examen. Así empecé a tomarme las revisiones a partir de este momento. Como exámenes.  Me agobié, y reconozco que agobié también a mi hijo. Cada día lo ponía boca abajo, pese a su llanto. No le gustaba esta postura, pero como el manual de instrucciones decía que debía de ponerlo así para estimular su control de la cabeza, así lo hice día tras día, obsesionada.

el primer año de vida

A los 5 meses otro examen: debe dirigir su mano hacia el objeto. Manuel suspendió. Aún recuerdo cuando su pediatra le puso una flor de juguete delante y no la cogió. A partir de ese momento empezaron las sesiones en la mantita de juegos, estimulación con juguetes de luz, de sonidos…

A esta edad muchos amiguitos ya hacían muchos de los  logros evolutivos de la ciencia antigua que yo llamo (cinco lobitos, palmitas, pon-pon…) Manuel no, ni le interesaba mirar mis manos ni estas canciones.

A los 8 meses: debe sentarse solo. Manuel también suspendió. Le compramos una colchoneta gigante, porque en el parque no quería estar, lo rodeamos de cojines, un montón de juegos… pero él quería estar de pie, sentado no veía mundo.

A los 10 meses se supone que debía gatear: pues tampoco. Otra vez a ponerlo boca abajo, poniendo objetos llamativos en su campo de visión, lo mismo de siempre. No le gustaba la postura y no tenía ningún interés de moverse, si al final yo terminaba por llevárselo.

Y llegó el año de vida… ¿todavía no camina?
manual de instrucciones del bebé

Reconozco que en cada revisión entraba nerviosa a la pediatra, que ante cualquier pregunta evolutiva de la gente también titubeaba… y ahora que ya tiene 15 meses, y todavía no camina solo, me doy cuenta… ¡qué tonta he sido!

No puede existir un manual válido para todos los niños. Cada niño tiene unos intereses y estos son los que mueven su evolución. Ahora que lo veo con un poco de perspectiva me doy cuenta:

  • Mi hijo no levantaba la cabeza porque dejarlo boca abajo era perder de vista a su mamá y sentirse solo, pero terminó haciéndolo.
  • No cogía la flor, porque no le gustan las flores… ¿porqué no le ofreció un coche? Le encantan las ruedas.
  • No se sentaba porque prefería llegar a todos los sitios en brazos, dejarlo sentado era limitarlo. Cuando llegó el verano en la playa sí quiso sentarse.
  • No gateó porque no le hizo falta llegar a coger nada, lo cogíamos de los brazos e iba caminando.
  • Aún no camina solo porque tiene miedo… ¿y qué?

El estar obsesionada con superar cada obstáculo evolutivo, me hizo perderme los pequeños logros que mi hijo alcanzaba. Logros que no estaban escritos en el manual de instrucciones y que por ello no los vi. Mi hijo desde bien pequeño sabe los botones para encender su juego favorito, es capaz de encajar cubos por tamaños, no habla mucho, pero PAN lo dice muy claro, le encanta.

Cada niño aprende por necesidad y es verdad que a veces tanta sobreprotección les limita, pero no sigáis las instrucciones al pie de la letra.

Valora cada logro de tu hijo, no penalices los obstáculos no superados, los superará, solo necesitan CONFIANZA.

Esto debemos aplicarlo el resto de su vida. Si les enseñamos a “no saber” nunca sabrán, y a pesar de saber muchas otras cosas, nos quedaremos con lo que no saben.

Yo como maestra he visto a muchas mamás agobiadas porque su hijo o hija terminó infantil sin leer. Ahora que soy madre, comprendo su agobio, pero les digo lo que me hubiese gustado oír a mi en muchas revisiones…

Ya lo hará, ¿pero has visto que bien hace esto otro? CONFÍA

manual de instrucciones

Seguro que las mamás que no sean primerizas todo lo leído les habrá sacado alguna sonrisa… y es que el haber pasado por todo esto antes les ha dado la CONFIANZA suficiente para educar y disfrutar en este proceso.

La CONFIANZA mueve el mundo, el nuestro y el de nuestros hijos también.

Si confías todo es posible.

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2 Comments

  1. Magda Serrano 7marzo, 2017 a 12:52

    Que razón tienes Esti, me he sentido muy identificada con lo de la lactancia, con mi primer hijo también tiré la toalla y lloré mucho, pero te aseguro que con el segundo se consigue.
    Por otra parte vamos ciegos totalmente con los primeros hijos en todo y por eso somos tan exigentes en vez de dejarlos queen sigan su ritmo, pero nadie dijo que esto fuera fácil jajajajaja.

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  2. Anna M. 28marzo, 2017 a 18:15

    Hola,
    Puede que a tu hijo (y seguramente a muchos más) no le guste que le «digan» lo que tiene que hacer, sino que hace lo que realmente le interesa o necesita. Recuerdo que de bien pequeña, a mi no me gustaba cantar en el cole y siempre me ponían en las notas que era poco participativa o que tenía que mejorar las actividades artísticas o musicales. Recuerdo que no me gustaban las canciones que nos hacían cantar e incluso me sentía ridícula cantando aquello… ¿por qué tenía que hacer eso que me parecía una tontería? Así que no cantaba… Con el tiempo, me he dado cuenta que, para bien o para mal, utilizaba mi propio criterio, cosa que tampoco creo que estuviera mal, aun siendo una niña y hacer lo contrario a lo que el resto hacía. Quizás a tu hijo le pase igual (quizás es un tema que lleva en los genes) y los padres y profesores con los «manuales» ejercen demasiada presión sobre cosas que se suponen que deben hacer l@s niñ@s sin tener en cuenta las prioridades que él/ella expresa.

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