Y de repente… mi pequeño hermano mayor

Hace mucho tiempo que no escribía post de family, no es que no haya nada que contar, más bien al contrario, hay demasiadas cosas, y de momento no estoy preparada para abordarlo todo. Ya os conté mi primera etapa como madre en el post ¿porqué nadie me dice que soy una buena madre? y también el primer año de vida de mi hijo , al que llamé un año de vida con manual de instrucciones. El motivo de este post es bien diferente: mi hijo dentro de poco será hermano mayor.

No sabéis lo que me ha costado asimilarlo, no que esté embaraza, si no que mi hijo, bebé para mi, en unos meses se convierta en hermano mayor, a la fuerza. Mi segundo embarazo ahora es una buena noticia, pero no me juzguéis si al principio no lo sentí como tal. No fue demasiado buscado, aunque sí deseado, pero las hormonas del principio del embarazo no definen bien los sentimientos, y eso es lo que me pasó.

maternidad

Siempre pensamos en augmentar la familia por Manuel, porque nos parecía positivo que tuviese hermanos, pero ahora…. qué difícil se me está haciendo. Quería compartir en un post este sentimiento, quizás para ayudar, o para sentir que no soy la única.

Desde que supe que estaba embaraza me invadió un sentimiento de pena y culpa cada vez que observaba a mi hijo Manuel. Sentía que le estaba quitando algo que era suyo: su mamá al 100%, su protagonismo, su atención… Sentía que tenía que disfrutar al máximo cada minuto con él, porque en unos meses no le iba a poder dedicar todo mi tiempo. Dentro de poco Manuel tendría que compartir su espacio y su tiempo, y sin elegirlo. No podía parar de pensar que en unos meses me perdería un gran logro de Manuel, que vendría a buscarme y tendría que decirle que no, que quizá no pudiese dormirlo todas las noches…. se iba a convertir en hermano mayor. Todavía no es demasiado consciente del cambio que se avecina, y quizá yo lo esté siendo en demasía. Esto, junto a ese desbordamiento de hormonas del principio, han hecho que no disfrute del inicio de mi embarazo plenamente.

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Antes ni siquiera de convertirse en hermano mayor, ya ha tenido lugar un destrono. Lo hemos cambiado de habitación. Llamadme culpable porque hasta hace un mes dormía en mi misma habitación. Pensaba que así lo necesitaba él y yo. Ahora está durmiendo en su habitación, pero de momento, sigo disfrutando de su sueño, pues soy yo la que me he instalado a su lado. Ya llegará el momento… y como os vengo diciendo, seré yo la que lo pase peor. Muchas me han juzgado por seguir durmiendo con mi hijo, porque no lo estoy haciendo bien según los “manuales”. Pero yo pienso que el tiempo pasa, y ¡cómo duele!, y que en unos años o quizá tan solo meses, él mismo será el que quiera dormir solo.

Ahora, en mis 6 meses de embarazo, creerme si os digo que sigo emocionándome cada vez que revivo estos sentimientos de pena y culpa, por saber el gran cambio que se avecina para Manuel. Estos meses no han sido fáciles, no solo por el embarazo, si no porque han coincidido una serie de circunstancias que me han hecho pasar por la etapa más dura de la maternidad. Todo ello hizo que aparcara un poco mi embarazo y me centrara en Manuel. Esta etapa de la que os hablo da para muchos post, pero no estoy preparada todavía.

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A esta altura de mi embarazo pienso ¡qué diferente es el segundo embarazo!, y también me siento culpable. Con el primero tenía tiempo para mi, para descansar, tocarme la barriga en busca de pataditas, disfrutar el momento sin preocupaciones… Ahora, en mi segundo embarazo, me siento más preocupada, más cansada… y no disfruto tanto de esos momentos de estar embarazada. Antes me parecía un siglo el tiempo entre una eco y otra, ahora me pasa volando. En el primer embarazo intentaba inmortalizar mi barriga, ahora no tengo apenas fotos… Ahora me siento mal por la peque que viene en camino, quizá no le esté dedicando su tiempo como hice con Manuel.

Pero todo se supera, ahora estoy segura que mi hijo recibirá el mejor de los regalos que se puede tener: una hermana. Estoy ansiosa por verlos crecer juntos, compartir con ellos cada momento, y dejar que ellos sean los que cada día me enseñen a mi a ser mejor mamá. Intentaré seguir manteniendo toda mi atención en Manuel, si dejar de preocuparme por la peque que viene en camino. Y si no llego a todo, que seguro que no, tengo la suerte de contar con familia que siempre está ahí. Manuel también tendrá la suerte de compartir su infancia, su recuerdo y su vida… con su hermana.

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Quisiera terminar diciendo que todo pasa, todo se supera y que de todo se aprende. De todo este proceso he aprendido a vivir el momento, disfrutarlo y saborearlo… y sé que ahora soy más fuerte como mujer y como madre. En estos momentos disfruto al 100% de Manuel y lo que puedo de mi embarazo. Y sí, sigo pensando que el manual de instrucciones para educar a un hijo no ayuda. Ahora que soy un poco más fuerte puedo obviarlo a ratos y sentirme menos culpable por ello.

Ánimo a todas las mamás de segundas, y bravo por todos los hermanos mayores.

 

 

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8 Comments

  1. Isabel 1junio, 2018 a 23:01

    Super identificada, demas te digo que cuando nazca tu peque esos sentimientos de culpa se hacen mayores, primero por el “mayor” por lo k dices…..no se le puede prestar toda la atención k se le prestaba antes, su vida cambia y pasa de tener a mama toooodaaaa para el a tener k compartirla sin haberlo pedido. Y por otro lado la pequeña no la disfrutas como disfrutaste el primero, en tiempo, fotos y ratos a solas donde todo se centra en ellos……ya se les lleva al ritmo de cole, y “cómo N se entera” se le deja más llorar x prestarle atención al mayor……..o por lo menos así me siento yo…… También tengo que decir que a mí niño en muchas cosas su hermana le a ido muy bien, se me a echo mayor y es la parte positiva con la k me gustaría quedarme ya k en ocasiones le sigue costando mucho no tener a mama solo para el.
    Lo d la cama no te crítico ni lo hare, hasta el día k rompí aguas dormía con el nene y cn la llegada de su hermana tuvimos k dormir un tiempo más juntos, hasta k llegó un día en el k dijo k se iba a su cama y hasta el día de hoy. Ellos necesitan dormir con nosotras y nosotras con ellos, o así me parece a mí.
    Un abrazo, me a encantado este post.

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  2. Anna 2junio, 2018 a 08:37

    A mí me pasó lo mismo. Y lloré y lloré. A pesar de que era deseado, solo veía problemas. Ahora bebé 2 tiene 3 meses. Bebé 1, 3 años, y lo adora. Desde el minuto 1 lo quiere con locura y que a nadie se le ocurra tocar a su hermano sin su permiso. No te voy a mentir, cuando nació volví a llorar. Me sentía culpable por no tener bastante tiempo para bebé 1. El primer mes fue difícil. Ahora parece que hayamos sido siempre 4. A veces le decimos: ¿Vamos los 3? Y siempre contesta : ¡No, los 4! Ha sido mucho más fácil asumirlo para él que para nosotros. Pero todo llega y ahora la felicidad se ha multiplicado (también el cansancio). Y es una felicidad distinta, una maternidad distinta…. y extraordinaria. Ya lo irás descubriendo

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  3. Rosa 5junio, 2018 a 16:36

    Hola. Puedo entender las sensaciones como madre que ha llevado a su hijo dentro, pero, que pasa con los padres? No comparten el cuidado y educación de los niños? Parece que esta sea una tarea solo de mujeres en pleno siglo XXI… Por otro lado, que pasa con la relacion de pareja? No pensais que queda descuidada?

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    1. Una Pizca de Educación 5junio, 2018 a 17:23

      Hola!En mi caso claro que comparto el cuidado de mi hijo con mi pareja. Lo único que en este post hablo de mis sentimientos, cada persona es un mundo, y como tal sentimos de una forma distinta. Yo solo me he limitado a contar mi experiencia sin aludir a sentimientos de nadie más.
      La relación de pareja no creo que se vea descuidada, más bien cambia, y hay que adaptarse. Si no nos adaptamos es cuando la descuidamos. Saludos y gracias por tu comentario.

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  4. Lourdes 5junio, 2018 a 16:51

    Creo que este sentir lo hemos vivido más de una, por lo que leo.

    Iguales sentimientos, al final no somos tan distintos unos de otros. Hoy mi hijo mayor, ese que aprendió a comer solito porque su hermano lloraba enganchado a mi teta, tiene 9 años, y mi hijo pequeño, ese que lloró día tras día para buscar su hueco en mi regazo, pues durante el embarazo yo no estaba muy presente; tiene ahora 7 años. Y ahí están los dos, cada uno ejerciendo de manera intachable sus roles de hermano mayor y menor. Atrás quedaron mis llantos por dejar al mayor un ratito más en la escuela infantil para poder atender mejor al peque; o los juegos entrecortados porque el peque necesitaba cambio de pañal.
    En fin..me falta disfrutar un embarazo, y ahora que son más grandes, puede que me ponga manos al asunto.
    Me superencantáis.

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